Lobeznos en los primeros días de otoño

Enviado por Looduskalender el Dom, 02/10/2016 - 23:11
Sisu

Aullidos de jóvenes ejemplares de lobo. Sus voces son todavía débiles pero los aullidos de lobo son siempre aullidos de lobo.

Grabación y fotografías: Tarmo Mikussaar
Traducción: Adolfo

Era una oscura noche de Agosto. Las estrellas brillaban en el firmamento. En uno de mis recorridos, me quedé a dormir en el bosque. A medianoche empezaron los lobeznos de la isla del pantano a aullar y a ladrar. Desde la primavera sospechaba que una pareja de lobos podía tener cachorros en esa zona y ahora tenía la confirmación. Al día siguiente me lleve un magnetófono y un poco de comida para perros. Confiaba que podría grabar los aullidos si, escondiendo un poco de comida debajo de un recipiente, podía acostumbrar a los jóvenes lobos a pasar por ese punto. Al principio fue todo como un camino de rosas. Pude grabar los aullidos y los lobeznos se acercaron al recipiente para ver lo que había.
Una noche decidí ir y seguir un poco el aullido de los lobos. Los cachorros corrieron hacia donde yo estaba. Seguramente pensaron que yo era un adulto que les estaba llevando comida. Inmediatamente se escuchó en la lejanía  el quejido suave de un lobo adulto y los cachorros se desviaron hacía su dirección. El adulto estuvo emitiendo esos lamentos un largo rato. Cuando algún joven ejemplar intentó levantar la voz, se le acalló con gruñidos  y entendí claramente, en el idioma de los lobos, que yo no era bienvenido a este lugar. Recogí mis bártulos y me fui a casa. De todas maneras, me emocionó la idea de que, al menos los cachorros, creyeron que yo era uno de ellos.
Unos días después los lobos desaparecieron unas dos semanas de esos pantanos. Las cámaras no captaron sus imágenes ni dejaron huellas. El bosque estaba silencioso. Un día volvió un cachorro a olisquear el recipiente con la comida para perros y volvieron a oírse los aullidos en la isla del pantano.
A finales de septiembre los jóvenes lobos son lo suficientemente grandes para correr con los adultos y acompañarles en sus largos recorridos de caza.  Pero si sucede que los cachorros no son capaces de seguir  a los adultos, entonces  regresan al lugar de nacimiento.  Ese era el motivo por el que había habido silencio durante un periodo de tiempo. Conforme pasa más tiempo, los lobeznos se hacen cada vez más fuertes y con menos frecuencia regresan a su lugar de nacimiento. Pero siempre quedará esa isla en medio del pantano como el punto central del mundo de esa manada de lobos, donde de vez en cuando volverán para aullar hasta la extenuación.

Tarmo Mikussaar

Sildid